“Un puente hasta Terabithia”

Dos adolescentes, Jesse Oliver Aarons y Leslie Burk, y dos vidas diferentes, opuestas. Un chico de campo que aspira a ser el más rápido de la clase, a destacar en algo. Y una chica que ya es la más rápida y que despunta ¿demasiado? En todo. Los dos se sienten solos, incomprendidos. Jess sueña con pintar y devorar lápices y pinceles pero es el chico de la casa y debe dedicarse a ayudar a su madre, ordeñar a las vacas y realizar los trabajos de mantenimientos de la granja. Mientras, sus hermanas piensan en cómo sacar provecho de todo aquello y vivir la vida; Jess no debe perder el tiempo en tonterías. Para la mayoría sus dibujos son una birria, para la mayoría menos para su profesora de música, la señorita Edmunds. Jess piensa que ella es un ser sobrenatural que destaca en aquel lugar aburrido y sin posibilidades que se llama Lark Creek y que tanto le asfixia. La señorita Edmunds será su balón de oxígeno, su apertura a otro mundo, la posibilidad de viajar a través de la música en la América profunda que habitan.

Definitivamente, ser hijo en casa de los Perkins no era fácil por eso la llegada de Leslie a la vida de Jess Aarons es tan providencial, tan definitoria, tan revolucionaria. Una sacudida a su cerebro, a su cuerpo, a su corazón, eso es Leslie Burk. Una niña nueva que entra en su clase de quinto curso y que viene de Arlington, un gigantesco colegio en un barrio residencial y que es todo lo contrario que Jess. Sabe escribir muy bien, ha leído mucho, es valiente, decidida, tenaz. Leslie Burk es una niña que desafia lo establecido, por consiguiente muy diferente de las chicas que rondan por allí. A pesar del miedo que siente Jess y de sus intentos por evitarla, ambos conectan desde el primer momento en que se ven. Algo más poderoso que los prejuicios y el ambiente les une; las ganas de volar, de traspasar fronteras, de llegar a otro lugar donde solo pueden acceder los que sueñan.

Crean un puente e inventan un lugar, Terabithia. Un Reino al que solo se puede acceder a través de una cuerda fina, delgada y deteriorada que sirve de tránsito a otro lugar; a un mundo fantástico donde puedes ser todo lo que imagines. En ese mundo puedes convertirte en Rey y soberano acompañado por una Reina, pero no una reina cualquiera sino una reina justa, regia e indomable.  Ellos son los únicos conocedores de este secreto, ellos son por tanto los únicos que pueden acceder a él y los únicos que conocen sus leyes y decretos. Los dos sabían que podían acudir allí siempre que quisieran ¿Siempre?

Terabithia se convierte en su refugio y su paraíso. Leslie enseña a Jess un lugar donde sentirse libre, donde poder ser él. Lejos de deberes y etiquetas, de juicios y limitaciones. Por eso desean volver una y otra vez, sobre todo Jess. “Leslie era algo más que su amiga. Era su otro yo, más interesante: el paso a Terabithia y a todos los mundos del más allá”.

Cuando alguien así llega, ocurren cosas que cambian tu vida para siempre.

Una novela de aventuras y amistad. Un clásico de la literatura norteamericana en el que Katherine Paterson nos recuerda el valor de las historias y de la fantasía, tan necesaria para sobrevivir.

A Jess le costaba hacer un dibujo de un lugar como Terabithia “Es que se me escapa la poesía de los árboles”

Feliz viernes. Después de la vuelta al cole, pasemos el fin de semana en Terabithia.

A partir de 12 años.

 

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