la foto - copia

Ilustración por Julia Magaña

-¡Miguel! ¡Miguel! Le despertó Pantufla jadeando. ¿Sabes quién soy? Le decía el Doctor muy acalorado. Porque Pantufla, tan atareado y redondeado como siempre, se fue corriendo a ver a Miguel y llegó tan pronto como pudo. Quiero hablar contigo. Me han contado tus amigos que llevas horas allí subido. ¿Ha pasado algo muy gordo verdad?

De repente Miguel levantó la cabeza, ¿cómo lo sabía?

-Sólo quiero decirte, siguió Pantufla, que no hay nada que no se pueda contar. Y esa voz le sonó diferente; no había enfado, ni tampoco nerviosismo, ni mucho menos crispación. Esa voz no le iba a juzgar.

-¿Nada? Dijo Miguel ¿Cómo puede ser? Seguro que de lo que hablas no es como esto, esto no se puede contar, dijo Miguel con la voz entrecortada y muy apenado.

-Claro que sí Miguel, hazme caso, todo se puede contar, absolutamente todo, pero tienes que reunir valor y coraje. Además ¡hablando es la única forma de poder ayudarte! Si dejas ahí dentro lo que te hace estar mal se va a formar un nudo muy gordo, como el que te haces en los zapatos para que no se salgan.

Y Miguel comenzó a deslizarse por el tronco del árbol muy lentamente, tenía el cuerpo entumecido.

-¡¡¡¡Ohhhhhh!!!!, dijeron sus amigos, y enseguida se dispusieron a abrazarle.

-Aún no chicos, aún no os he contado lo que pasó. Y Miguel sentado en el suelo y rodeado por sus amigos, se puso a contar la historia de la Señorita Rosmarie con pelos y señales, no se dejó ni un detalle. Y les habló de “Los Encuentracosas” y de las ganas que tenía de ser de su panda…Pantufla, que estaba enfrente de él, asentía con la cabeza y le animaba a seguir. –Estás siendo muy valiente Miguel, lo que pasó con Bruno no es para estar orgulloso pero seguro que se te han quitado las ganas de volverlo a hacer. Cuando Miguel por fin terminó de relatar su andaza sintió como si se hubiera quitado un elefante de la cabeza, ¡Uff! ¡Qué alivio! suspiró. Y se tiró de espaldas en la hierba. ¡Ahora sí! Gritaron todos. Y se tiraron con él hasta hacerle un buen placaje y formar una gran montaña de amigos.

-¡Miguel! exclamó Sara de repente. ¡Tengo una idea! ¿Por qué no formamos nosotros nuestro propio clan? ¡¡¡¡Biennnnn!!!! saltaron todos. Hay que pensar un nombre chulo.

Y Pantufla, como solía hacer en estos casos, se fue en silencio, con mucho cuidado de no perder sus Pantuflas Color Escarlata, saltando por los tejados y escuchando de fondo las risotadas de esa pandilla que tanto trabajo le daba pero que tan feliz le hacía. ¡Qué no llego! ¡Qué no llego! Me llama la señora Herminia y Conchita y Jacinto, el Jardinero, ayyy que me caigooooo…

¿QUÉ PASARÁ EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO?

————————————————————————————————————————————————————————

Hugo se encuentra en una encrucijada. Se ha encontrado un monopatín nuevo super molón y esto es tan fácil como sumar. 1+1=2 y Quien Lo Encuentra Se Lo Guarda. El problema llega cuando aparece su dueño, un niño con muy malas pulgas… ¿Qué hará esta vez el Dr. Pantufla?