Dr Pantufla

-¡Miguel! ¡Por favor, baja de ahí! Le gritaba Sara. -¿Qué mosca le habrá picado?, pensaba la más pequeña de grupo mientras seguía insistiendo: ¡Por favor Miguel te vas a caer y te vas a hacer un montón de daño! ¡Es muy peligroso que estés ahí!

Pero Miguel parecía como si no escuchara. Llevaba cerca de 2 horas subido en la rama más alta del árbol de la abuela Menchu. Y allí tenía pensado seguir por mucho tiempo, metido en sus pensamientos y sin decir ni una palabra.

–No puedo hablar con nadie, no puedo contárselo a nadie, se decía Miguel para sus adentros. Es horrible y creerán que soy un niño malo. Además, los secretos son los secretos, y no puedo faltar a mi palabra.

Sara seguía haciéndole aspavientos desde abajo para que la mirara, estaba desesperada. ¡¡¡¡Migueeeeeeel!!!!!
-Ya sé, voy a buscar a los demás, a ver si entre todos le convencemos….

En menos de 10 minutos, Sara había conseguido reunir a la pandilla al completo. Era la benjamina del grupo y con sólo 6 años tenía una  intuición especial para detectar cuando algo no iba bien. Y esto no iba bien… ¡No iba pero que nada bien!

-¡Miguel! Gritaron Hugo y Ernesto al unísono. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no quieres bajar de ahí? Estamos muy preocupados. Tu abuela está a punto de llegar y se va a asustar muchísimo.

Pero Miguel seguía con la cabeza entre las piernas, sin decir ni “mu”.

-¡Anda, cuéntanos qué ha ocurrido! Le dijeron Daniel y Rosana, los mellizos del grupo. ¡Siempre has confiado en nosotros! ¡Somos tus mejores amigos!

Se oyó una especie de sollozo desde el palo más alto del árbol y silencio otra vez.

Pasó otra hora, y otra, y otra más. En total ya llevaba 5 horas allí subido y se estaba haciendo de noche. Lo habían intentado todo; mover el árbol, tirar piedrecitas a las ramas a ver si les miraba, gritarle, hablar con él…Aunque bien pensado, todo lo que se dice todo… ¡No lo habían intentado!

-¡Claro! ¡Cómo no se me ha ocurrido antes! dijo Ernesto. ¡El DR. PANTUFLA! ¡Quizá él pueda ayudarnos! Ernesto de repente se había acordado de su aventura con El gran Caramelo de Violetas, y estaba seguro de que, el atareado y redondeado Dr. Pantufla, encontraría una solución. Fue a buscarle con urgencia.

CONTINUARÁ…